22 may. 2013

ODA A LAUREANO


Sobre los guijarros que marchaba el pequeñín, tan contento. Resulta que su tic-tac se rompió, ahí atrás, se le rompió a él que parecía de titanio, siempre quisquilloso al tocar línea de fondo.
Reaparece ahora el coche-moto, moto pegajosa, sonrisa que nunca acude desde aquellas fiestas de Bellas Vistas donde algo debió de pasarle al chico. 
Me gusta porque está vacío, porque yo también estoy vacío.
A estas alturas.
Su voz es un secuestro en Miranda de Ebro, su fase de desarrollo se queda siempre en normal como el ritmo de un vespino, pero seguirá sonando para el Getafe, él que llegó a secar a Jesús Navas.
A pierna cambiada.
Niño viejo que tras la hostia se levanta y echa a correr con el menisco en llamas.
Atrápalo, Laure!
Enigma en la pelvis, enigma del desvirgar tardío en una calle fría de nombre aun más frío y de aquel momento en el que dijo: "Ya estoy bien", después de fracturarse un no sé qué.
Silueta de un perro feo que todo el mundo quiere.
Molido a palos.
Canterano de varios mundos.
Martirio de talentos que echamos de menos en tiempos de hambruna.
Hay poca gracia en su esfuerzo, pero cuánta añoranza nos supuso perderle.
Viendo a Manuel Pablo.
Oliendo la ketamina del calvo en el carril, murmurando todos "Sanabria, dónde estás?".
Sanabria, soldado del páramo.
Duro de mollera.
Ataca!
Y préndele fuego a las lagunas.

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